sábado, 5 de septiembre de 2009

Paula y Gabriel

Son amigos míos desde el colegio. Ella desde la primaria y él desde la secundaria.
Como mencionaba anteriormente, son dos polos opuestos.

Me voy a enfocar directamente en Paula por un instante y su descripción:

Paula es linda. Paula es la mejor representación de femineidad que conozco. Es tan "todo terreno" que, sin perder su prestancia, estilo, etc., es capaz de cambiar una rueda de su autito sin necesitar un hombre, o de saltar el muro de su casa cuando deja las llaves dentro.
Come de todo, no hace dietas y si sube un kilo o lo baja, le da lo mismo.
Si tiene que decir groserías lo hace, y si tiene que ser una dama otra vez, lo logra sin esfuerzo.
Es la mujer perfecta para casarse y tener la bella familia con que todos hemos soñado alguna vez. ¿El problema?. Los problemas, mejor...
Son dos: el primero es que tiene novio, pero eso es lo de menos considerando el otro problema.
El segundo, es que no pretende formar una familia.
Dice que prefiere ser soltera de por vida y utilizar la fecundación in vitro.
¡Nada puede ser perfecto!

Hablemos de Gabriel:
Gabriel, mi primera alma gemela. Con él, todo ha sido extraño, desde el conocernos hasta el seguir siendo amigos aún, diez años después. Recuerdo que, estudiando yo de interno en 1999 llegó un compañero nuevo a la clase. Ya, típico alumno nuevo, llama la atención en silencio. No me preocupé. Habló y resultó ser un éxito, el miserable.
MIS amigos lo encontraron genial y se dedicaron toda la tarde a preguntarle idioteces. Brutos.
Pasaron 2 semanas atroces y ya no soportaba más al apestoso Gabriel, con su afán de meterse en todo lo que no le importaba, además él era bueno para el fútbol, cosa que yo jamás pude lograr, así que terminó por quedarse con todos mis amigos. Ladrón indecente.
Un día, la cosa detonó, y terminamos trenzados a golpes en uno de los dormitorios, a la hora del almuerzo. Lamentablemente, llegó el inspector del colegio (más adelante voy a contar algunas historias de ese señor) y sin previo aviso nos separó y nos mandó a limpiar la biblioteca, completa. Dos de la tarde y a ese ritmo íbamos a terminar cerca de las Dos de la mañana. No, no podría permanecer tanto rato sin pronunciar palabra. Así que, de a poco, pidiendo primero una escoba o una pala, empezamos a entablar una conversación. A las siete de la tarde fue el inspector y nos encontró felices conversando y con la biblioteca sin ningún avance en la limpieza. Gran tipo el inspector. Gabriel es hoy mi mejor amigo, a pesar de que hace un año que no nos vemos, hablamos muy poco por teléfono o por internet. Me basta saber que está bien, y a él también. Cada vez que nos reunimos confirmamos que seguimos siendo los mejores amigos del mundo.

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